Afirma que “con la domótica el hogar pasa de ser un elemento pasivo a un elemento activo que intenta hacernos la vida más cómoda, segura y económica”. Y por esa razón, José María Maestre Torreblanca, autor de Domótica para ingenieros (Paraninfo, 2015), está convencido de que esta rama de la tecnología nos traerá muchas sorpresas agradables en un espacio de tiempo relativamente corto. Doctor Ingeniero de Telecomunicación por la Universidad de Sevilla y profesor del departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática en la misma universidad, además de su doctorado en Automática y Robótica, reconocido con el Premio Extraordinario, Máster en Domótica por la Universidad Politécnica de Madrid y Máster en Economía de las telecomunicaciones por la Universidad Nacional de Educación a Distancia. Con él charlamos de las posibilidades de un mundo que está mucho más cerca de lo que imaginamos.

– ¿Cómo mejora la domótica nuestro día a día?

Siempre digo que la domótica no es la televisión sino el mando a distancia. Es evidente que yo puedo disfrutar del televisor sin el mando, pero de manera muy incómoda. La domótica puede mejorar nuestro día a día de muchas maneras posibles. Por ejemplo, mi casa puede saber que estoy saliendo del trabajo a través del móvil y activar el aire acondicionado para que cuando llegue encuentre una temperatura confortable. Mi casa puede despertarme a la hora que le pida levantando las persianas y encendiendo las luces, y tener además la cafetera y la tostadora listas para cuando llegue a la cocina. Mi casa puede apagar las luces cuando no hay nadie o regular su intensidad para hacerla más agradable. Hasta puede avisarme si se detecta a un intruso en el jardín o enviarme un mensaje si hay una inundación en la cocina. Tecnológicamente las posibilidades son infinitas y están todas a nuestra disposición.

– Una de las características del hogar del futuro es que ahorra energía. ¿Cuánto podríamos llegar a ahorrar?

Depende mucho de los hábitos energéticos de los usuarios y de las características de la propia vivienda y sus instalaciones. La domótica tiene mucho que aportar en lo referente a la gestión de la iluminación, la calefacción y el aire acondicionado, y también en el control de algunos electrodomésticos y en la gestión de otros insumos que también cuentan en la factura. La aplicación decidida de este tipo de tecnología en edificios ha mostrado unos ahorros espectaculares. Un caso singular es el Empire State Building, donde han llegado a recortar los costes de energía en un 57%.

– En su libro, “Domótica para ingenieros”, se habla del impacto social que puede tener la evolución de la domótica. ¿Podría describir de forma resumida ese impacto?

La sociedad y la tecnología se retroalimentan continuamente. Por ejemplo, los teléfonos móviles han creado nuevas necesidades dentro de la sociedad, las cuales a su vez dan lugar a nuevos desarrollos dentro de la telefonía. Cabe esperar que con la domótica suceda lo mismo. Una vez que su uso se popularice surgirán necesidades que a su vez cambiarán la percepción y el diseño de los fabricantes. Hace unos años se debatía acerca de cuál era la mejor manera de interactuar con un sistema domótico, si a través de una pantalla en la pared, la TV, etc. Hoy en día las tablets y smartphones parecen haber acabado con ese debate, al menos por un tiempo. Además estamos en un momento en que la interacción mediante voz parece que empieza a despegar. A corto plazo se espera que el uso de robots de servicios se extienda también y la tecnología ya es capaz de detectar e incluso anticiparse a nuestras preferencias en muchos ámbitos. Por todo ello la relación entre persona y su vivienda mutará. El objetivo es que llegue un momento en que sea el entorno el que se adapte al usuario automáticamente.

– Es profesor del departamento de Ingeniería de Sistemas y Automática de la Universidad de Sevilla. ¿Cómo imagina el trabajo de sus alumnos en las casas del futuro?

Algunos de mis alumnos ya trabajan o han trabajado en empresas del sector. A día de hoy el trabajo es fundamentalmente de diseño de instalaciones domóticas, algo que será imprescindible mientras que la tecnología no salte al mercado de masas. Otros trabajan desarrollando dispositivos para el hogar del mañana. Por ejemplo, ahora mismo estoy involucrado con uno de mis antiguos alumnos en el desarrollo de un sistema de cocina al vacío llamado Eskesso. Se trata de un aparato que se conecta a la nube y que cocina para ti mientras no estás en casa.  Creo que también hay mucho que hacer a nivel de integración. Una vez que todos los dispositivos del hogar y sus capacidades estén integrados en la misma red hay que ver cómo explotar todo eso para dar nuevos y mejores servicios a los usuarios. Por otra parte, los hogares del mañana podrían incluir fuentes de generación de energía y baterías que habrá que saber integrar y gestionar convenientemente. Finalmente, diría que la relación entre el hogar y los coches inteligentes que están por venir también puede ser interesante.

– ¿Cuál es el gran reto actual de la domótica?

Desde el punto de vista tecnológico diría que el mayor problema es la integración. Tenemos todas las piezas del puzzle listas para hacer cosas espectaculares en el hogar, pero la interoperabilidad y la integración siguen siendo complicadas para el mercado de masas. El día que yo pueda comprar un sensor o actuador doméstico sin temor a que sea compatible con mi instalación se habrá resuelto ese problema. No digamos ya un robot como la Roomba o Thermomix. El potencial verdadero de la domótica está en la integración, en el momento en que se consigue que las posibilidades del sistema como un todo sean mayores que la suma de posibilidades de todos sus componentes.

– ¿Qué lugar diría que ocupa España en la investigación domótica?

A nivel de investigación España ocupa un lugar mucho más alto del que merecería por inversión. Estamos entre los diez países con mayor producción científica del mundo. En el caso particular de la domótica, España fue un país puntero hace poco más de una década gracias a la burbuja inmobiliaria. Cualquier sector en contacto con el inmobiliario se vio beneficiado y la domótica no fue una excepción. Se crearon muchos sistemas y el sector gozaba de muy buena salud. La inversión en investigación era mucho mayor también en la época de bonanza. Claro que la crisis pasó factura y hoy en día se invierte poco. De todos modos creo que podemos estar moderadamente satisfechos con la situación en España. Tenemos también una normativa de hogar digital pionera en muchos aspectos.