El cambio climático y la evolución tecnológica transformarán nuestras viviendas

 

“Las casas que se construirán mañana no tendrán nada que ver con las que conocemos hoy”. Así de rotundo se pronuncia el Dr. Ricardo Enríquez Miranda, físico y representante español en el Comité Ejecutivo del Programa de Cooperación Tecnológico sobre Calor y Frío Solar de la Agencia Internacional de la Energía (AIE).

 

Switchondesigns: ¿Qué debemos tener en cuenta en nuestras viviendas para hacer frente al cambio climático?

Ricardo Enríquez Miranda: La eficiencia energética y la integración de energías renovables jugarán un papel clave en la mitigación de los efectos del cambio climático. Esto cambiará para siempre nuestra manera de diseñar y construir edificios.

No podemos vivir sin gastar energía. La eficiencia energética se define por una menor demanda de energía para un mismo servicio y esto se puede conseguir de manera pasiva, por ejemplo, gracias al aislamiento; o de forma activa aprovechando principios físicos presentes en el contexto como pueden ser la orientación de la vivienda, las horas y el ángulo del sol, etc.

Hasta el momento, saciamos nuestras necesidades de energía, sobre todo, a través de fuentes fósiles que provocan serios efectos secundarios como la liberación de los gases de invernadero, responsables a su vez del cambio climático. Por lo tanto, no solo tenemos que mirar cómo aumentar la eficiencia energética sino también descubrir otras fuentes de energía renovables.

 

¿Cuáles son las fuentes energéticas alternativas?

Una de las fuentes más grandes y potentes que tenemos es el sol. De hecho, un año de energía solar equivale a 20 años del consumo mundial actual.

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La energía solar se puede aprovechar de distintas formas. Primero, está la fotovoltaica que trabaja con captadores de rayos de luz y la convierte en electricidad. Segundo, también nos podemos beneficiar del sol en su calidad térmica (agua, calefacción, bombas de absorción). De allí que la visión de la AIE para el 2050 es que el cincuenta por ciento de la demanda energética de calor se satisfaga a través del sol.

 

¿Cómo cambiarán nuestras casas si quieren ser más eficientes a nivel energético en un futuro?

La diferencia fundamental será que el edificio se comunicará térmicamente con su entorno para llegar a las condiciones de confort requeridas mediante un esfuerzo menor. En el futuro, dejaremos de percibir las casas como unidades individuales y empezaremos a tratarlas como componentes de un sistema en constante intercambio con sus edificios vecinos y las condiciones medioambientales.

Todas las partes de un edificio pueden contribuir a una mayor eficiencia energética. Desde la elección de sus materiales hasta la implementación de dispositivos y tecnologías destinadas al ahorro y a la producción de energía, pasando por las tecnologías que aplicamos en su construcción.

Esto nos llevará a diseñar de forma diferente y eficiente, teniendo en cuenta la arquitectura autóctona, la experiencia, los conocimientos tradicionales, ancestrales y experimentados. La sociedad industrializada necesita soluciones adaptadas.

Los edificios no van a ser como los conocemos. Dejarán de ser consumidores para transformarse en prosumidores. Es decir, que aparte de consumir también sabrán producir energía.

 

¿Qué implicaciones tiene esta nueva dimensión de la vivienda?

La vivienda pasará de ser un edificio individual a ser uno colectivo. En aspectos como la electricidad, la iluminación y la calefacción, la gestión pasará directamente de las manos del ser humano, a ser gestionada de manera inteligente por el edificio.

El edificio poseerá los datos clave del usuario: sabrá la temperatura ambiente en la que éste se siente a gusto, así como la cantidad de horas que pasa en casa. A partir de estos datos, optimizará recursos por ejemplo, levantando o bajando persianas en función de la fuerza del sol y la cantidad de energía que las placas solares del edificio almacenen.  Asimismo, dispondrá también, entre otros, de los datos de consumo previsto y las previsiones meteorológicas; puesto que no sólo contemplará la optimización de la eficiencia energética, sino también la máxima rentabilidad económica, tanto en el consumo, como en la producción y la venta.

De esta manera, el edificio actuará de forma autónoma en la producción, la gestión y el consumo de la energía. Formará parte de una inmensa red de informaciones de las que extraerá y obtendrá los datos necesarios para determinar sus acciones.

 

¿Cuál es el papel que juega la Agencia Internacional de Energía en esta (r)evolución?

La implementación de nuevas tecnologías en el sector inmobiliario evoluciona poco a poco; la vivienda no se renueva tan rápidamente. Uno de los problemas que esto conlleva es que la puesta en práctica de las innovaciones se realiza despacio y, en consecuencia, la obtención de los datos fiables de su funcionamiento para poder plantear los posibles efectos secundarios y las mejoras que necesita o no, es lenta.

Según la AIE, el escenario ideal para poder afectar positivamente al cambio climático, comprendería la renovación de las viviendas en un 3% anual, pero no llegamos. Por ello, la optimización e investigación de las viviendas del futuro se debe internacionalizar al máximo, mediante la unión de países y el intercambio de experiencias e investigaciones. Nos encontramos ante un desafío que debemos afrontar avanzando rápida y eficazmente. Solo así conseguiremos una vivienda óptima y eficaz y, aplacar, en consecuencia, el cambio climático. Por eso es fundamental que las tecnologías punteras para la eficiencia energética penetren en el mercado.